La primera vez que conocí a David Cevallos fue casualmente
en una visita al Centro de Arte Contemporáneo de Quito; él salía de una de sus
reuniones de trabajo como ganador de la beca de producción Nuevo Mariano 2013.
Eduardo Carrera (No. 38) nos presentó esa vez, y recordando el momento David me
hizo caer en cuenta que aquella ocasión les regalé chocolates, seguramente porque
esos días tenía planeado visitar a algunos colegas; me imagino que era
diciembre. Como coincidimos a la hora de salida, nos pusimos a conversar
mientras bajábamos la cuesta para llegar a la avenida principal. Me mostró unos
dibujos a plumilla, algunos de esos que formarían parte de su bien lograda
muestra del Nuevo Mariano, Ejercicios de Paciencia. Considero que su proyecto quedó
como uno de los modelos perfectos para la beca por su nivel de compromiso (7
meses íntegros de producción con evidentes resultados).
Probablemente en ese primer encuentro su obra me interesó no
más que su forma de pensar: es admirable cómo tiene armado un plan de vida que
incluye una visión en el campo, cultivando la tierra en compañía de su esposa,
en una vivienda adquirida por su trabajo como artista visual después de una empeñosa
y tendida temporada. Supongo que me identifiqué en sus planes porque he sido un
soñador desde siempre, aunque admito que hoy me siento más seducido por la vida
de ciudad, con muy productivas relaciones sociales resultado de mis proyectos
actuales y futuros. En todo caso, la serenidad con que David apuesta por sus
sueños me contagia de emoción con respecto a los resultados que una producción
sostenida y responsable es capaz de lograr. Son más de 5 años desde que empezó
a producir, y en 2013, el mejor de todos, emprende nuevos retos basados en
elevar la dificultad de la obra por medio de la escala; así pudimos apreciar en
Effluvium, obra ganadora de mención de honor en Premio Batán que resume lo
dicho en la clásica técnica de pintura sobre tela.
Me encantaría gestionar la exposición de algunos trabajos
suyos en Guayaquil, sobre todo para que el circuito guayaquileño tenga la
oportunidad que tuve yo de hallar sinceridad de contenido, sin rimbombancias
que exalten el discurso. Me es importante reconocerlo porque devuelve aquello
que la vida en la gran ciudad nos hace olvidar: valores elementales como la
sencillez, la humildad o la nobleza. A mi amigo David somos algunos que le
auguramos una carrera brillante, llena de reconocimientos, aunque él no guste del
brillo de los reflectores. Hermano: firme con tus propósitos, sólo así tienes
el éxito asegurado.