lunes, 2 de diciembre de 2013

147. David Cevallos


La primera vez que conocí a David Cevallos fue casualmente en una visita al Centro de Arte Contemporáneo de Quito; él salía de una de sus reuniones de trabajo como ganador de la beca de producción Nuevo Mariano 2013. Eduardo Carrera (No. 38) nos presentó esa vez, y recordando el momento David me hizo caer en cuenta que aquella ocasión les regalé chocolates, seguramente porque esos días tenía planeado visitar a algunos colegas; me imagino que era diciembre. Como coincidimos a la hora de salida, nos pusimos a conversar mientras bajábamos la cuesta para llegar a la avenida principal. Me mostró unos dibujos a plumilla, algunos de esos que formarían parte de su bien lograda muestra del Nuevo Mariano, Ejercicios de Paciencia. Considero que su proyecto quedó como uno de los modelos perfectos para la beca por su nivel de compromiso (7 meses íntegros de producción con evidentes resultados).

Probablemente en ese primer encuentro su obra me interesó no más que su forma de pensar: es admirable cómo tiene armado un plan de vida que incluye una visión en el campo, cultivando la tierra en compañía de su esposa, en una vivienda adquirida por su trabajo como artista visual después de una empeñosa y tendida temporada. Supongo que me identifiqué en sus planes porque he sido un soñador desde siempre, aunque admito que hoy me siento más seducido por la vida de ciudad, con muy productivas relaciones sociales resultado de mis proyectos actuales y futuros. En todo caso, la serenidad con que David apuesta por sus sueños me contagia de emoción con respecto a los resultados que una producción sostenida y responsable es capaz de lograr. Son más de 5 años desde que empezó a producir, y en 2013, el mejor de todos, emprende nuevos retos basados en elevar la dificultad de la obra por medio de la escala; así pudimos apreciar en Effluvium, obra ganadora de mención de honor en Premio Batán que resume lo dicho en la clásica técnica de pintura sobre tela.

Me encantaría gestionar la exposición de algunos trabajos suyos en Guayaquil, sobre todo para que el circuito guayaquileño tenga la oportunidad que tuve yo de hallar sinceridad de contenido, sin rimbombancias que exalten el discurso. Me es importante reconocerlo porque devuelve aquello que la vida en la gran ciudad nos hace olvidar: valores elementales como la sencillez, la humildad o la nobleza. A mi amigo David somos algunos que le auguramos una carrera brillante, llena de reconocimientos, aunque él no guste del brillo de los reflectores. Hermano: firme con tus propósitos, sólo así tienes el éxito asegurado.

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